Pregón Cuaresmal 2025

Cuantos hemos hecho nuestro el bautismo recibido y tratamos de seguir a Jesús de Nazaret en nuestros días escuchando la voz del Espíritu en los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra historia, agradecemos la posibilidad de vivir una nueva Cuaresma para purificar y fortalecer nuestra condición creyente y avivar la esperanza en el camino hacia la Pascua.

Acogemos la Cuaresma como tiempo de renovación interior, personal y comunitaria, tratando de ajustar nuestras existencias al modelo de vida de Aquel que fue tentado en el desierto. Él eligió el camino de la sencillez y austeridad de vida, de la renuncia a todo poder abusivo sobre los demás y asumió la posibilidad del fracaso personal y la misma cruz.

Queremos adentrarnos en ella con la mente despejada, con nuestras manos abiertas a las necesidades de los demás y mucha paciencia con nosotros mismos y cuantos nos rodean. No queremos dejarnos engañar por los espejismos del ego, siempre insatisfecho y sediento de reconocimiento.

Dejémonos mecer por la brisa del Espíritu, bebamos en los manantiales de la vida y el Evangelio, gustemos de la oración calmada y serena, dediquemos tiempo a la contemplación silenciosa y gratuita, sintonicemos nuestro corazón con los latidos de Dios.

Vayamos al encuentro de quienes nos necesitan, aunque no sean de nuestra misma cultura, fe o cordada con espíritu fraternal, de acogida y servicio, escuchando el quejido de los afligidos y ofreciéndoles una palabra de consuelo o un gesto amable de cercanía.

Desprendámonos de cuanto nos es accesorio, ayunemos de tantas noticas superficiales o desalentadoras que nos asaltan cada día y vivamos en paz y sin atormentarnos con los ojos fijos en Jesús, que va delante y junto a nosotros abriéndonos el camino hacia la verdadera Pascua.